De repente, el elefante envolvió su poderosa trompa alrededor de las oxidadas barras de hierro. Con un enorme tirón de la cabeza, el gigante consiguió levantar la pesada rejilla unos centímetros del suelo. Pero, como la lluvia torrencial resbalaba el metal, la rejilla mojada se le escapó de repente de la trompa, cayendo de golpe con un estruendo ensordecedor. El elefante soltó un rugido de pánico, y su trompa resbaló impotente al intentar levantar la barrera de nuevo.
El torrente de agua que corría por el bordillo se hacía más profundo por momentos, verténdose en el desagüe como una cascada en miniatura. Al darse cuenta de que la trompa del elefante era simplemente demasiado gruesa para sacar a los diminutos bebés a través de las estrechas rendijas, los humanos tuvieron que actuar. Peter y Katie se arrodillaron sobre el asfalto mojado, metiendo los dedos en el borde de la rejilla. Trabajando juntos bajo la lluvia torrencial, liberaron una descarga de adrenalina, tensando sus músculos para sacar el enorme obstáculo de hierro completamente de su base de hormigón y tirarlo al pavimento.