Cuando Mia y Jake empezaron a buscar casas diminutas sobre ruedas, se dieron cuenta de algo extraño. Por muy bonitas que parecieran las casas en Internet, muchas de ellas parecían tener el mismo problema en cuanto entrabas en ellas. El espacio parecía más pequeño de lo que debería. Una cama ocupaba la mitad de la habitación. El espacio de almacenamiento se apilaba en cada rincón. Y al cabo de un tiempo, toda la casa podía empezar a parecer más una sucesión de concesiones que un lugar diseñado para vivir de verdad.
A la pareja le encantaba la idea de la vida en la carretera, pero no les interesaba tener que estar constantemente sorteando los muebles. Querían algo que se sintiera abierto. Algo que resultara práctico. Y, lo más importante, algo que se sintiera como un verdadero hogar. Fue entonces cuando se topó con un viejo autobús escolar. A primera vista, no parecía gran cosa. Pero cuanto más lo pensaban, más potencial veían. Un autobús escolar ofrecía mucho más espacio útil que una furgoneta transformada típica, al tiempo que les permitía viajar a donde quisieran.
Así que lo compraron. Entonces se propusieron un reto. ¿Podrían convertir un viejo autobús en un hogar que resultara sorprendentemente espacioso sin sacrificar las características necesarias para vivir en él a tiempo completo? La respuesta acabaría sorprendiendo a casi todo el que entrara en él.