Esta foto de 1895, en la que aparece una niña cogida de la mano de su hermana, parecía normal… hasta que su restauración reveló este sorprendente dato…

En el reverso del marco se veía un sello descolorido: Aldous Pembridge & Associates, Harley Row, 1895. Nora pasó horas explorando los archivos digitales de las empresas londinenses hasta que localizó los libros de contabilidad que se conservaban del estudio Pembridge. Le temblaban ligeramente las manos mientras se desplazaba por las páginas escaneadas, hasta que finalmente dio con la entrada correspondiente a Calloway.

Las notas del fotógrafo eran precisas, casi clínicas: «Ambas niñas presentes y cooperativas. La más pequeña requirió tres intentos debido a sus movimientos». Nora exhaló, y el sonido resonó en la silenciosa habitación. La niña más pequeña había estado viva. Siguió leyendo, esperando encontrar un nombre que aclarara el asunto, pero su mirada se detuvo en las últimas líneas de la entrada. La niña mayor figuraba claramente: Margaret, de 8 años. ¿Pero la más pequeña? Solo aparecía como «segunda modelo». Sin nombre. Sin edad.

Nora hojeó el resto del libro de contabilidad, revisando todas las demás entradas de ese año. Todos los demás clientes estaban identificados con su nombre completo, sus padres y su dirección. La niña más pequeña era un fantasma en los registros: un vacío singular y sin nombre en el corazón de una prominente familia victoriana. Nora se quedó mirando la pantalla, con una nueva y aguda curiosidad que sustituía a su anterior temor.