Sellado en la oscuridad
El interior del submarino era estrecho y de techo bajo, como todos los submarinos, pero también estaba imposiblemente seco. Seco, como si estuviera sellado al agua del canal por un diseño o una reparación que hubiera resistido más de ochenta años. Declan pasó la linterna por los paneles de instrumentos, los indicadores, una litera abatible y los herrumbrosos herrajes de la pared. Todo intacto. Intacto.
En el compartimento de proa, tras una puerta de mamparo que se abrió con sorprendente facilidad, encontraron dos cosas que hicieron que Sorcha dejara de andar y Declan se olvidara de respirar. La primera era una caja metálica de almacenamiento, de color verde militar, marcada con una secuencia de letras y números que Sorcha fotografió sin hacer comentarios. El segundo era un cuaderno de bitácora. Estaba envuelto en una piel de aceite, colocado en una estantería como si lo hubiera dejado allí alguien que esperaba volver.
Declan cogió el cuaderno de bitácora. Sus manos enguantadas temblaban ligeramente. Las páginas estaban amarillentas pero legibles, llenas de anotaciones manuscritas en alemán con tinta descolorida. La última anotación estaba fechada en noviembre de 1943. Pero fue el nombre escrito en la cubierta interior -en inglés, no en alemán- lo que le sorprendió.