Ponga siempre una toalla bajo la puerta de su habitación de hotel. Esta es la razón.

Hay una razón por la que ciertos hábitos de viaje son transmitidos por personas que pasan la mitad de su vida fuera de casa. Los auxiliares de vuelo, los viajeros de negocios frecuentes y los huéspedes de hotel experimentados aprenden muy pronto que la comodidad es sólo una parte de una buena estancia nocturna: la otra parte es el control. Por eso el truco de la toalla bajo la puerta ha perdurado durante años entre los viajeros experimentados. Parece demasiado sencillo para ser importante, y eso es precisamente lo que lo hace memorable.

Algunos hábitos hoteleros pueden parecer extraños hasta que se sabe de dónde vienen. El pasaporte en el mismo bolsillo todas las noches, los zapatos colocados donde los pies puedan encontrarlos en la oscuridad, las cortinas cerradas con un clip de percha. Y, para algunos viajeros, es una toalla enrollada presionada contra la parte inferior de la puerta de la habitación del hotel antes de irse a dormir. A primera vista, parece paranoico, quizá incluso un poco teatral. Al fin y al cabo, la mayoría de las estancias en hoteles son tranquilas. Te registras, dejas la maleta, enciendes la televisión y confías en que el personal haga su trabajo mientras tú haces el tuyo: descansar. Pero los hábitos de viaje más insignificantes suelen sobrevivir por una sola razón: resultan útiles más a menudo de lo que la gente espera.

Por eso es tan interesante el truco de la toalla. Parece el tipo de consejo que se menciona en las secciones de comentarios, que susurran las tripulaciones de vuelo o que comparten personas que han pasado demasiadas noches en pasillos anónimos y habitaciones de paredes finas. Sin embargo, la idea ha perdurado porque se sitúa en la intersección de dos cosas que a los viajeros les importan más de lo que admiten: la comodidad y el control. Cuando uno se aloja en un lugar desconocido, detrás de una puerta que da a un pasillo lleno de extraños, incluso una pequeña acción puede resultar extrañamente tranquilizadora.

Una vez que se entiende el motivo, el truco deja de sonar dramático y empieza a parecer práctico. Averigüemos por qué y cómo…