Una submarinista siguió a una manada de delfines cerca de un pecio pirata hundido y vio lo que llevaba uno de ellos..

Un destello azul

Las aguas cristalinas del Caribe eran tranquilas, pero el corazón de Sheryl se aceleraba. Como buceadora experimentada e historiadora aficionada, conocía estos arrecifes de coral como la palma de su mano, especialmente este tramo específico conocido por su historia de antiguo botín pirata. Docenas de barcos españoles habían encontrado aquí su fin siglos atrás, dejando sus tesoros enterrados bajo las arenas movedizas. Sheryl siempre mantenía los ojos abiertos en busca de algún destello de historia, pero hoy sólo estaba disfrutando de una inmersión rutinaria.

Su barco de buceo se movía lentamente por encima de ella, con el motor zumbando a un ritmo tranquilizador mientras seguía una trayectoria recta. Sheryl nadó unos metros por debajo de la superficie, observando cómo una pequeña manada de delfines se deslizaba sin esfuerzo por el agua. Estaban juguetones, girando en el azul.

De repente, un brillante destello de luz captó su atención. Uno de los delfines más grandes tenía algo enganchado en la aleta dorsal. Mientras el delfín giraba, el objeto captó el sol de la tarde que se filtraba entre las olas. Desprendía un brillo metálico. Sheryl se quedó paralizada mientras nadaba y sus ojos se abrieron de par en par tras la máscara de buceo. Tenía un aspecto brillante e inconfundiblemente dorado. Su mente recordó inmediatamente las viejas historias de galeones piratas hundidos. ¿Podría tratarse de un tesoro perdido?