Al día siguiente volvió a la consulta del doctor Harmon. Llevó las nuevas radiografías, el informe escrito del doctor Singh y un cuaderno en el que había anotado todo lo que quería decir. Aún no había decidido qué iba a hacer más allá de esta conversación, pero necesitaba mirarle a los ojos y darle la oportunidad de explicarse.
El doctor Harmon miró el informe durante un buen rato. Luego echó un vistazo a sus propias notas. Dijo que el osteosarcoma era muy difícil de diferenciar de los cambios artríticos en una radiografía, que incluso los veterinarios con experiencia cometían este error y que el cuadro clínico había sido realmente ambiguo. Dijo que entendía que se trataba de una noticia devastadora y que lamentaba que ella tuviera que pasar por ello. No dijo que hubiera cometido un error. Dio a entender que estas cosas sucedían.
Rachel lo escuchó todo. En un momento dado, le preguntó directamente si creía que su interpretación de la radiografía original había sido correcta. Hizo una pausa y dijo que en aquel momento había aplicado su mejor criterio clínico. Ella le dio las gracias, cogió su carpeta y se marchó. Se quedó un rato sentada en el aparcamiento. Luego condujo hasta Copper, se fue a casa y empezó a hacer llamadas.