Un dueño encuentra a su perro perdido tras dos años, pero su extraño comportamiento en casa desvela un secreto desgarrador 

El trayecto matutino al trabajo era el de siempre: un avance lento y laborioso por el barrio industrial de la ciudad, mientras la lluvia amenazaba con desbordarse de las nubes grises. Chloe daba un sorbo a su café, con la mente ya repasando su lista de tareas diarias, cuando un movimiento repentino en la acera le llamó la atención. Junto a un contenedor oxidado había un perro callejero. Estaba espantosamente delgado, con las costillas visibles bajo un pelaje cubierto de semanas de suciedad y barro de la calle.


A Chloe se le partió el corazón. A pesar de la suciedad, su imponente y majestuosa complexión delataba sin lugar a dudas que se trataba de un gran danés. Pisó el freno a fondo, giró bruscamente el coche hacia la acera y salió al aire húmedo. El perro giró la cabeza y sus miradas se cruzaron. De repente, el animal demacrado se puso en pie a toda prisa y se abalanzó directamente hacia ella con zancadas aterradoras y poderosas.


Chloe se quedó instintivamente paralizada, con una punzada de miedo que le atravesó el pecho mientras aquella enorme y caótica mancha borrosa acortaba la distancia. Pero en el momento en que el perro llegó hasta ella, no la mordió. Se derrumbó contra sus piernas, gimiendo histéricamente, temblando violentamente mientras su áspera lengua le lamía desesperadamente las manos.