El veterinario dijo que su perra se pondría bien… Pero luego, en la clínica de urgencias, descubrieron esta aterradora verdad…

La Dra. Singh le dijo que las imágenes mostraban un tumor óseo. Osteosarcoma. Lo dijo con tacto, pero lo dijo sin rodeos. La Dra. Singh le explicó que el cáncer se encontraba en una fase más avanzada de lo que habría estado hace seis o siete semanas. También le explicó que el osteosarcoma progresa rápidamente y que una intervención más temprana habría supuesto una situación más favorable a la hora de iniciar el tratamiento. El retraso no había eliminado por completo las opciones de Copper, pero sí las había reducido.

Las opciones ahora eran la amputación de la extremidad afectada seguida de quimioterapia, o cuidados paliativos si Rachel decidía no seguir un tratamiento agresivo. La Dra. Singh dijo que, por lo demás, Copper gozaba de buena salud —el corazón, los pulmones y el hígado parecían estar bien— y que era un buen candidato para la cirugía si Rachel quería optar por esa vía. Dijo que apoyaría cualquier decisión que tomara Rachel.

Rachel condujo de vuelta a casa como en una especie de aturdimiento. Le dio de cenar a Copper y se sentó en el suelo de la cocina con él mientras comía. No se echó a llorar de inmediato. Repasó la conversación en su cabeza —toda ella, desde la primera cita hacía cuatro meses hasta ese momento—. Algo frío y claro se instaló junto al dolor. Había confiado en la persona equivocada. Tenía que averiguar qué hacer al respecto.