Nadie habló. El ruido de hacía unos momentos se había esfumado del aire, dejando tras de sí algo más pesado. Algo definitivo. Arjun se acercó a la barrera, sus manos agarraron el metal con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. Se obligó a mirar. Mirar de verdad. La leona no se había movido.
Permanecía en el mismo sitio, con la cabeza gacha y una postura firme y controlada. Los otros leones permanecían a distancia, caminando lentamente, observando pero sin atreverse a acercarse. Arjun había visto esto antes. Después de una cacería. Después de una reclamación. Se le oprimió el pecho. «No…» alguien susurró detrás de él. Otra voz le siguió, más suave.
«¿Se… acabó?» Nadie respondió. Porque nadie quería ser el que lo dijera en voz alta. Los ojos de Arjun buscaron en el suelo cerca de sus pies. El polvo se había asentado completamente ahora. El árbol estaba quieto. El espacio estaba despejado. Demasiado claro. No habia nada alli.
Ningún movimiento. Ningún sonido. Ninguna señal. Y ese silencio se sintió más fuerte que todo lo que había venido antes.