Unos adolescentes se reúnen alrededor de una anciana. Ella rompe a llorar cuando le dicen esto. 

Clara abrió los ojos y vio que le colocaban entre las manos temblorosas un trozo de papel arrugado y sucio. Era el cartel de su gato desaparecido. El título, en letras grandes, decía : DESAPARECIDO: BUBBLES. «Lo hemos encontrado», jadeó el chico, con la voz tensa por la ansiedad. «Pero está en apuros. Está atrapado en lo más alto del viejo roble de la reserva natural, y la rama se está partiendo. Intentamos trepar, pero no pudimos alcanzarlo: está demasiado alto y la madera se está agrietando bajo su propio peso. ¡Se va a caer!».


En una fracción de segundo, el terror que Clara sentía por sí misma se desvaneció, sustituido por una repentina y aguda descarga de adrenalina por su gato. Los chicos no la habían acorralado para hacerle daño; la habían apresurado porque sabían que se les acababa el tiempo.


«Enséñamelo», exigió Clara, con la voz quebrada. «¡Síguenos, tenemos que correr!», respondió el chico, que ya echaba a correr de vuelta hacia la densa línea de árboles.