Unos adolescentes se reúnen alrededor de una anciana. Ella rompe a llorar cuando le dicen esto. 

A Clara ya no le importaban sus articulaciones doloridas. Se movía tan rápido como le permitía su bastón, flanqueada por los adolescentes que mantenían el ritmo para asegurarse de que no se cayera. El sendero pavimentado desapareció por completo tras ellos mientras se adentraban en la reserva natural sin pavimentar.


Los árboles se hacían más frondosos, bloqueando el sol. La urgencia se palpaba en el aire. Los chicos explicaron mientras corrían que habían pasado la última hora intentando construir una pirámide humana, pero las ramas más bajas eran demasiado débiles para sostenerlos.


Por fin, irrumpieron en un claro apartado. Allí se alzaba el enorme y centenario roble. Un crujido espeluznante resonó en la tranquila arboleda. En lo alto, encaramado precariamente a una rama que se astillaba y se combaba, se vislumbraba un destello de pelaje blanco. Era Bubbles, gritando aterrorizado mientras la madera crujía bajo él. Realmente era una carrera contra el tiempo.