Leo y Maya llevaron a Toby de vuelta a St. Anne’s en el vehículo de servicio del departamento. Toby se sentó entre ellos, aferrándose al recorte con ambas manos. No hablaba, pero cada pocos segundos comprobaba que Leo siguiera allí.
Leo examinó la vieja foto a la luz del salpicadero. Recordó la mano de Soline agarrándose a su abrigo en medio del humo. Recordó haberle dicho que aguantara. Recordó el calor que le había quemado la muñeca a través del guante.
En la entrada del hospital, dos enfermeras se apresuraron hacia ellos. Una se arrodilló frente a Toby, conmocionada pero con delicadeza. «Nos has dado un susto», le susurró, abrazándolo con cuidado. Toby solo bajó la cabeza. La enfermera miró a Leo. Cuando él se presentó, su expresión cambió. «¿Leo Dunne?», preguntó en voz baja. «Soline ha dicho ese nombre tantas veces».