Cuando la trompa se desplegó por completo, el misterio finalmente se resolvió. Acunado suavemente en el centro de la trompa había un animalito que respiraba. Era una criatura única, recién nacida, que temblaba violentamente y necesitaba claramente atención médica de urgencia. El llamativo contraste entre el inmenso poder destructivo del elefante y la increíble ternura que mostraba hacia esta criatura indefensa tocó una fibra sensible en Katie.
El terror inicial que sintió se desvaneció, sustituido por un profundo sentido de la responsabilidad. Extendió la mano con delicadeza y sacó a la frágil y temblorosa criatura de la trompa del elefante, acunándola contra su uniforme. Al ver a una compañera asomándose desde la puerta de un triaje cercano, Katie le entregó con cuidado el pequeño animal, indicando urgentemente a la enfermera que lo llevara rápidamente a una clínica veterinaria cercana. Supuso que su trabajo allí era ahora sencillo: despejar el vestíbulo y dejar que el servicio de control de animales guiara al gigante de vuelta a la naturaleza de forma segura. Pero el elefante tenía un plan completamente diferente para esa noche.