Katie minimizó lentamente su presencia física, bajando los hombros y manteniendo las manos a la vista para demostrar que no era una amenaza. El gigantesco animal pareció comprender el gesto por completo. Emitió un suave y grave rugido que hizo vibrar el vestíbulo, y su tensa postura se relajó ligeramente. Para Katie estaba claro que, de todas las personas que habían estado en el vestíbulo, el elefante solo confiaba en ella para dar un paso adelante.
Nerviosa, dio unos pasos agonizantemente lentos hacia él. El elefante comenzó a aflojar lentamente el fuerte agarre de su poderosa trompa, revelando poco a poco lo que había estado ocultando al mundo. Al principio, el objeto era increíblemente difícil de identificar. Era una masa diminuta y enmarañada de pelaje húmedo, tan pequeña y frágil que parecía completamente fuera de lugar contra la piel gris y curtida del gigante que la sostenía. Katie se inclinó, entrecerrando los ojos bajo las brillantes y zumbantes luces del vestíbulo, tratando de entender lo que estaba viendo.