Un dueño encuentra a su perro perdido tras dos años, pero su extraño comportamiento en casa desvela un secreto desgarrador 

En lugar de dirigirse directamente a casa, Chloe condujo hasta la clínica veterinaria local, sabiendo que Max necesitaba atención médica inmediata. El personal se quedó boquiabierto cuando Chloe condujo al gigante delgado y cubierto de barro a través del vestíbulo, reconociendo al instante al perro al que habían ayudado a buscar dos años antes. La doctora Lindsay los llevó rápidamente a una sala de exploración y comenzó de inmediato un baño terapéutico con agua caliente.


A medida que las capas de suciedad de la calle y grasa negra se iban escurriendo por el desagüe, por fin quedó al descubierto el hermoso y sedoso pelaje atigrado de Max. Aparte de estar muy por debajo de su peso, Lindsay declaró que gozaba de una salud notable. Para ayudarle a relajarse, el personal de la clínica le regaló a Max una cesta de juguetes masticables blandos.


Para sorpresa de Chloe, él ignoró las pelotas de tenis y las cuerdas, centrándose por completo en un diminuto peluche de cachorro. Lo sujetó con delicadeza entre sus enormes mandíbulas, negándose a soltarlo mientras lo envolvían en una cálida manta de forro polar. Chloe finalmente lo llevó de vuelta a su tranquila casa en las afueras, acunando a su gigante limpio y frágil y creyendo que la pesadilla había terminado por completo.