La siguiente fotografía era una imagen borrosa y caótica. La cámara había quedado atrapada en plena caída, captando el suelo desde un ángulo violento e inclinado. El polvo se extendía por el encuadre como humo. El cincel oxidado yacía cerca de la plataforma, abandonado a toda prisa. En la esquina superior de la imagen se veía la manga de un hombre: su mano agarraba la bolsa de lona de herramientas.
La última foto recuperada estaba muy subexpuesta, pero el técnico había mejorado digitalmente las sombras. Cerca del estrecho pasadizo de salida, se captó una silueta en movimiento, huyendo hacia la luz. El hombre tenía la cara de lado, pero llevaba la pesada bolsa.
En primer plano, una mano se extendía desesperadamente hacia el objetivo de la cámara: la mano de Elias. Y justo detrás de él, una enorme fisura irregular se abría a lo largo del techo. —La integridad estructural de la cueva —dijo Mara, mientras las piezas encajaban por fin en su sitio. «Harlan utilizó herramientas pesadas para abrirse paso a la fuerza. Comprometió la línea de falla».