Samuel no se fue así como así. Enfurecido por la traición, contrató inmediatamente a un abogado y emprendió una batalla legal de altos vuelos para impugnar su despido y denunciar las inseguras condiciones de Luna. Presentó requerimientos judiciales exigiendo al tribunal que interviniera por el bienestar de la tigresa. Pero Vance contaba con el respaldo de un equipo jurídico multimillonario. Ataron a Samuel con interminables retrasos procesales, mancharon su reputación profesional y agotaron sus ahorros.
Al final, el juez falló a favor de la empresa, confirmando la estricta orden de alejamiento que prohibía legalmente a Samuel pisar el perímetro del zoo bajo pena de arresto inmediato. Aplastado y agotado económicamente, Samuel se vio obligado a renunciar a sus demandas. Sin embargo, su desesperación nunca desapareció. Mes tras mes, continuó presentando recursos formales, suplicando a la junta que levantara su prohibición personal sólo para poder comprobar cómo estaba Luna como auditor independiente. Todos y cada uno de los recursos fueron rechazados cruelmente, dejándole totalmente derrotado por la maquinaria empresarial.