Julian se quedó un momento en el pasillo, con la mirada recorriendo la cabina premium hasta que se posó en Leo. Leo estaba sentado cómodamente en un asiento adicional de la tripulación, leyendo tranquilamente una revista y con un aire de total tranquilidad. Desesperado por salvar la comodidad de su mujer y su propio orgullo, Julian se ajustó la chaqueta de diseño, recorrió el pasillo y se sentó en el asiento vacío justo al lado de Leo con una risita fingida y paternal.
—Escucha, amigo —dijo Julian, bajando la voz hasta convertirla en un susurro cómplice—, sobre nuestro pequeño acuerdo de hace un rato. La suite tiene algún tipo de fallo digital grave y Beatrice se está sintiendo bastante incómoda. Me preguntaba… ¿considerarías quizá volver a ocupar la suite? Estaríamos más que encantados de marcharnos a estas alturas.
Leo bajó la revista y miró a su alrededor con una expresión ligeramente contrita. «De verdad que me encantaría ayudarte, Julian, pero…» —señaló el asiento de tripulante que ocupaba— «…el personal de cabina me sentó aquí porque viajaba solo y este asiento libre estaba sin usar de todos modos. Es un asiento individual. No os serviría de mucho a ti y a Beatrice, ¿verdad?». Julian siguió el gesto de Leo y se dio cuenta de la realidad de la situación: un asiento de tripulación, y ellos eran dos. Abrió la boca y volvió a cerrarla. Leo continuó, retomando su revista con una sonrisa comprensiva y pasando una página: «Estoy seguro de que la tripulación podrá encontrar una solución para vosotros».