El veterinario dijo que su perra se pondría bien… Pero luego, en la clínica de urgencias, descubrieron esta aterradora verdad…


Esta vez, el Dr. Harmon le pidió una radiografía. Rachel se sintió aliviada cuando lo dijo; por fin, algo concreto. La radiografía duró veinte minutos. Se sentó de nuevo en la sala de espera, desplazándose por su móvil sin leer nada. Cuando el Dr. Harmon volvió, tenía las imágenes en una pantalla y una expresión en el rostro que ella describiría más tarde como profesionalmente serena.

Le dijo que era artritis. Señaló algunas zonas de la radiografía y le explicó que la articulación presentaba signos de degeneración propios del desgaste relacionado con la edad. Le comentó que era algo habitual en los labradores y que se podía controlar perfectamente. Le recetó un tratamiento prolongado con esteroides para reducir la inflamación y que Copper se sintiera cómodo. Le dijo que vigilara su movilidad y que volviera dentro de tres meses.

Rachel preguntó si había algo más que debiera saber. El doctor Harmon respondió que no, que lo habían detectado en una fase razonable y que los esteroides ayudarían considerablemente. Se mostró mesurado y claro. No tenía motivos para dudar de él. Se fue a casa con una nueva receta y un plan, y durante unos días, Copper pareció estar más cómodo. «Los esteroides están surtiendo efecto», pensó. Se sintió aliviada.