El veterinario dijo que su perra se pondría bien… Pero luego, en la clínica de urgencias, descubrieron esta aterradora verdad…

El doctor Harmon examinó a Copper durante unos diez minutos. Le palpó la pata, lo observó caminar de un lado a otro por la sala y le revisó las patas. Copper no se inmutó ni lloró. El doctor Harmon dijo que eso era una buena señal. Le explicó a Rachel que parecía una distensión de tejidos blandos, algo habitual en razas de gran tamaño, sobre todo a medida que crecían. Dijo que con reposo y antiinflamatorios se solucionaría.

Rachel preguntó si deberían hacerle una radiografía. El Dr. Harmon respondió que no creía que fuera necesario en ese momento. Le explicó que las radiografías serían el siguiente paso si la situación no mejoraba, pero que, por el momento, los síntomas coincidían con los de un esguince. Le extendió una receta y le indicó que volviera en seis semanas si la cojera persistía.

Condujo de vuelta a casa sintiéndose tranquila. Le daba a Copper la medicación cada mañana, redujo la duración de los paseos largos y lo observaba con atención. Algunos días parecía estar mejor. Otros, la cojera seguía ahí. Se dijo a sí misma que seis semanas era el plazo y que debía ceñirse a él. Confiaba en el plan porque confiaba en aquel hombre.