En el momento en que el supervisor vio la placa dorada de detective y las credenciales oficiales de las fuerzas del orden, su actitud cambió por completo. Los agentes adoptaron al instante una postura más humilde, con aire de haber sido pillados completamente por sorpresa.
—Detective Jenkins —dijo el supervisor, soltando un suspiro de desconcierto—. Lo sentimos muchísimo, señor. La jefa de cabina señaló específicamente su fila y solicitó un control de seguridad de emergencia inmediato. Indicó formalmente a la torre de control que su comportamiento agresivo en la cabina hacía que la tripulación se sintiera totalmente insegura para volar. Sam se quedó mirando al supervisor, mientras se daba cuenta de lo absolutamente absurda que era la situación. Negó con la cabeza y explicó la secuencia exacta de los hechos: lo de la funda del portátil y la negativa de ella a servirle agua.
El supervisor suspiró con simpatía. «Mira, tío, te creemos. Pero, por ley, si la tripulación de a bordo señala a un pasajero como un riesgo para la seguridad, tenemos las manos atadas y tenemos que sacarte del vuelo. El vuelo tiene que salir sin ti mientras redactamos este informe, pero podemos reservarte fácilmente otro vuelo».