En cuestión de minutos, el ambiente cambió. Ya nadie se reía. El grupo se acercó y volvió a ver las imágenes. Esta vez más despacio. Alguien se inclinó hacia ellos. «Ponlo otra vez», dijo. Rahul lo hizo. Las imágenes mostraban al elefante golpeando repetidamente el suelo. Cada golpe más fuerte que el anterior. Algunos de los hombres mayores intercambiaron miradas.
«Eso no es bañarse», dijo uno de ellos en voz baja. Otro asintió. «Es demasiado agresivo» Alguien más habló. «¿Dónde habéis visto esto?» Rahul señaló hacia el bosque. «No muy lejos. Quizá a quince minutos» Hubo una breve pausa. Entonces uno de los hombres se levantó. «Deberíamos echar un vistazo» No hizo falta más. Algunas personas cogieron palos.
Otros llamaron a las casas cercanas. En pocos minutos, se formó un pequeño grupo. Curiosos. Inquietos. Rahul iba delante. Nadie habló mucho mientras caminaban. Pero a medida que se acercaban pudieron oírlo de nuevo.
El mismo sonido. Fuerte. Repetitivo. Y ahora… Imposible de ignorar.