Un elefante solitario camina durante horas por el bosque. Cuando los aldeanos descubren el motivo, se dan cuenta de que es peor de lo que parece

Rahul no se movió. Se mantuvo a distancia. Observó atentamente desde detrás de los árboles. El elefante volvió a golpear el suelo. Esta vez con más fuerza. El sonido resonó en el bosque. Dio un paso adelante. Más cerca del mismo lugar. Y volvió a golpear. Rahul levantó la cámara lentamente. Hizo zoom. El suelo ya estaba suelto. Desigual.


Esto había estado sucediendo durante un tiempo. Pero lo que le llamó la atención no fue sólo la excavación. Era todo lo demás. Ella no estaba comiendo. No miraba a su alrededor. No reaccionaba a nada. Ni siquiera a los sonidos del bosque. Era como si todo lo demás hubiera desaparecido. Y sólo ese lugar importara. Rahul ajustó ligeramente su posición. Tratando de conseguir un mejor ángulo.

Fue entonces cuando el elefante se detuvo. Sólo por un segundo. Su cabeza se levantó. Las orejas se abrieron de par en par. Rahul se quedó helado. Ella lo sabía. Siguió un estruendo bajo, de advertencia. No muy fuerte. Pero suficiente. No necesitó pensárselo dos veces. Rahul retrocedió lentamente. Con cuidado de no hacer ruido.


Porque fuera lo que fuera lo que estaba pasando aquí, acercarse no era una opción.