Cuanto más se adentraba Rahul, más silencioso se volvía todo lo demás. No había pájaros. Ni susurros. Sólo ese sonido. Llegó de nuevo. Más fuerte ahora. Más agudo. No era una llamada. No una advertencia. Era otra cosa. Rahul redujo la velocidad. Cuidado donde pisaba. El suelo delante parecía perturbado. Tierra suelta. Parches rotos. Como si algo pesado hubiera estado moviéndose allí durante un tiempo. Entonces-
Thud. Más cerca. Rahul se detuvo detrás de un árbol y se inclinó ligeramente hacia un lado. Fue entonces cuando lo vio. Un gran elefante hembra. Sola. De pie sobre un trozo de tierra removida. No estaba pastando. No se movía. Sólo levantaba su trompa y la golpeaba contra el suelo. Con fuerza. Una y otra vez. Y otra vez. Rahul frunció el ceño. Al principio, casi parecía que se estaba echando barro encima.
Algo que los elefantes hacían a menudo con el calor. Pero esto era diferente, ella no se detuvo. No seguía ningún ritmo. Sólo había urgencia y fuerza.
Rahul se quedó quieto. Observando. Porque cuanto más miraba, más claro lo veía. Esto no era ni de lejos normal.