Un verdadero tesoro
El delfín nadó por debajo del objeto flotante, atrapándolo expertamente contra su aleta una vez más con un rápido y practicado empujón. Pero en esos pocos segundos en que el objeto había flotado libremente en el agua cristalina, Sheryl se había inclinado hacia él. La ilusión se desvaneció en un santiamén, sustituida por una oleada de risa suave que onduló a través de su máscara de buceo. No era un lingote de oro pirata, ni un antiguo artefacto de un galeón español hundido
Era una gran hoja de otoño de color amarillo dorado. La hoja debió de caer al mar desde un árbol de la costa, a la deriva, en la profunda laguna azul. El agua salada había conservado su color brillante y vibrante, y el sol tropical la había convertido en una reluciente pieza de falso tesoro. Desde lejos, su amarillo brillante natural parecía oro de veinticuatro quilates. El delfín no custodiaba una antigua riqueza; sólo jugaba con una hermosa pieza del mundo de arriba.