La liberación repentina
Justo cuando Sheryl pensaba en acercarse un poco más, el delfín dio una brusca y alegre voltereta en el agua. El repentino movimiento creó un pequeño remolino de corriente. En ese preciso instante, la presión del agua cambió y la película dorada se desprendió de la aleta del delfín. A Sheryl se le subió el corazón a la garganta al ver cómo el tesoro empezaba a flotar libremente por las aguas abiertas.
El tiempo pareció ralentizarse. Sheryl alargó una mano instintivamente, aunque estaba demasiado lejos para cogerla. Esperaba que el objeto se hundiera rápidamente como una pesada pieza de metal y se precipitara hacia el profundo arrecife. Si golpeaba el fondo del océano, podría perderse entre el espeso coral y ella perdería la oportunidad de comprobar el increíble hallazgo.
Sorprendentemente, el objeto no se hundió como una piedra. Por el contrario, cayó suavemente, bailando y girando en la columna de agua. Flotó grácilmente, captando la luz por última vez mientras flotaba a unos metros por encima de un trozo de arena blanca. El delfín se dio cuenta inmediatamente de que había perdido su juguete y giró en círculo, sumergiéndose con gracia para recuperar su preciada posesión antes de que se alejara.