Una submarinista siguió a una manada de delfines cerca de un pecio pirata hundido y vio lo que llevaba uno de ellos..

Un compañero juguetón

El delfín pareció darse cuenta de la firme mirada de Sheryl. Se separó del resto de la manada y nadó en un amplio y elegante círculo a su alrededor. Sheryl contuvo la respiración, completamente cautivada. El objeto dorado estaba a pocos metros. Parecía perfectamente metálico. Casi podía imaginarse las antiguas marcas españolas estampadas en su superficie.

Respiró lenta y profundamente a través del regulador, tratando de calmar su pulso acelerado. Era el tipo de momento con el que sueñan todos los submarinistas. No se trataba sólo del valor monetario del oro, sino de la emoción del misterio. El delfín chasqueó alegremente, liberando una pequeña estela de burbujas plateadas que flotaron junto a la máscara de Sheryl, aumentando la magia de la escena.

El artefacto permaneció firmemente encajado contra la aleta del delfín, desafiando el arrastre del agua. Sheryl se preguntó si el metal era más como una lámina que de alguna manera se había moldeado ligeramente alrededor de la aleta, manteniéndola en su lugar. Parecía seguro, una parte permanente del atuendo juguetón del animal. Mantuvo los ojos clavados en el brillante tono amarillo, esperando la oportunidad de verlo aún más de cerca.