Un policía sigue en secreto a un niño perdido y rompe a llorar cuando lo ve..

Sean llamó por radio a la central y les dio la poca información que tenía: varón, de unos nueve años, de nombre Leo, mochila oscura, se dirigía a pie hacia el este. Les pidió que le avisaran si recibían una llamada de desaparición de un menor, pero por el momento no había nada. Ningún padre llamando frenéticamente. Ninguna alerta escolar. Nadie informando de un niño vagando solo por el centro. Estaba claro que el niño tenía algún sitio en mente, pero Sean seguía sin tener ni idea de a quién buscaba ni de por qué le importaba tanto.

Entonces, frente a una tienda de neumáticos, el viento volteó la fotografía lo suficiente para que Sean pudiera ver el reverso. Parecía haber algo escrito en tinta azul descolorida, pero desde donde estaba no podía distinguirlo. Leo se acercó la foto al pecho. Un minuto después, cruzó otra calle, paró a una mujer que llevaba la ropa a la tintorería y le tendió la foto. Ella apenas la miró antes de negar con la cabeza. Luego volvió a intentarlo con un barbero en su descanso. La misma foto. La misma pregunta urgente. Sean seguía sin tener ni idea de a quién buscaba el chico, sólo sabía que era alguien a quien Leo estaba desesperado por encontrar antes de que un adulto pudiera detenerlo.