El nombre hizo que un escalofrío recorriera la habitación. Mara conocía vagamente la leyenda. Elias Grant era un joven y idealista guardaparques que había desaparecido durante un reconocimiento en solitario por zonas remotas en el invierno de 1964. Los equipos de búsqueda habían encontrado las huellas de sus botas cerca de las orillas del río, pero perdieron el rastro en las brutales rocas irregulares de más arriba. El cañón se lo había tragado por completo.
El informe oficial decía: «Probable caída accidental o ahogamiento». Pero el cuaderno de Elias contaba una historia completamente diferente. Las primeras anotaciones eran rutinarias: registros meteorológicos, distancias, niveles de agua. Luego, la letra se volvió apresurada, errática. Elias había descubierto «una cámara sellada detrás de una piedra labrada».
«El yacimiento necesita protección inmediata», decía una de las anotaciones. «Las autoridades culturales competentes deben estar presentes antes de que se abra nada». Entonces, el tono cambió drásticamente. Una página crucial había sido arrancada violentamente, dejando solo un trozo irregular. En el trozo quedaban dos líneas: …Harlan… Coleccionista.