Al entrar, la mayor sorpresa no es el estilo de la casa, sino la sensación de apertura. Ava sabía desde el principio que si el espacio parecía encajonado, la idea fracasaría. Así que redujo la distribución a lo esencial. Se abrieron grandes ventanales en uno de los lados del contenedor, y el efecto es espectacular. La luz del sol entra a raudales por el suelo de madera clara y rebota en las paredes crema, haciendo que la habitación parezca mucho más amplia de lo que es. En lugar de amontonar muebles de gran tamaño en la zona principal, eligió un sofá compacto, una pequeña mesa redonda y armarios empotrados en las paredes.

Pero lo que hace que la habitación sea memorable es que nunca parece un compromiso. Una alfombra tejida suaviza la zona de estar, una lámpara colgante añade calidez encima de la mesa y un banco bajo las ventanas sirve tanto de almacén como de lugar de lectura. Es algo más que un diseño inteligente. Es comodidad, reducida a sus mejores partes.