Convirtió este viejo contenedor de transporte en su casa, y tiene un aspecto increíble

Al entrar, la mayor sorpresa no es el estilo de la casa, sino la sensación de apertura. Ava sabía desde el principio que si el espacio parecía encajonado, la idea fracasaría. Así que redujo la distribución a lo esencial. Se abrieron grandes ventanales en uno de los lados del contenedor, y el efecto es espectacular. La luz del sol entra a raudales por el suelo de madera clara y rebota en las paredes crema, haciendo que la habitación parezca mucho más amplia de lo que es. En lugar de amontonar muebles de gran tamaño en la zona principal, eligió un sofá compacto, una pequeña mesa redonda y armarios empotrados en las paredes.

La cocina se extiende a lo largo de un lateral como una elegante cinta de roble y acabado negro mate. Cada estante tiene un propósito, cada cajón se ha medido para que quepa exactamente lo que ella necesita. Las estanterías abiertas albergan tazas de cerámica, tarros de cristal y algunas hierbas en pequeñas macetas junto a la ventana. Los electrodomésticos bajo encimera mantienen las líneas limpias, mientras que una placa de inducción estrecha y un fregadero profundo hacen que el espacio sea totalmente funcional sin que parezca abarrotado. Ava dice que vivir en un espacio pequeño ha cambiado su forma de cocinar. Compra menos, desperdicia menos y presta más atención a las cosas que usa a diario.

Pero lo que hace que la habitación sea memorable es que nunca parece un compromiso. Una alfombra tejida suaviza la zona de estar, una lámpara colgante añade calidez encima de la mesa y un banco bajo las ventanas sirve tanto de almacén como de lugar de lectura. Es algo más que un diseño inteligente. Es comodidad, reducida a sus mejores partes.