Su abuela paga su boda con sus ahorros. Entonces su prometida dice, «Ella no es bienvenida…»

Leo contempló horrorizado cómo su abuela confesaba el crimen sin ningún remordimiento. Admitió que había atacado a la familia de Chloe y que había escondido las joyas hasta que pudiera usarlas para un insulto final.

La ilusión de su infancia se hizo añicos. La mujer que lo había arropado en la cama era una ladrona y una manipuladora maestra. Leo se encontraba en una enorme encrucijada, obligado a elegir entre la lealtad de sangre y la justicia moral.

Miró a Chloe, que se mantenía erguida a pesar de las lágrimas de sus ojos, y luego a Evelyn, que sonreía burlonamente, segura de que su nieto la elegiría a ella. Leo respiró hondo, estiró la mano y apartó la caja de terciopelo de las manos de su abuela.