Su abuela paga su boda con sus ahorros. Entonces su prometida dice, «Ella no es bienvenida…»

Salieron de aquella casa de campo y no volvieron la vista atrás, dejando a Evelyn a solas con su amargura. Leo y Chloe se dirigieron directamente a las autoridades. La policía les advirtió de que el enjuiciamiento después de tantas décadas sería complicado, pero la procedencia de las joyas estaba lo bastante clara como para que la familia iniciara el proceso de reclamarlas. Podían devolver oficialmente las reliquias robadas a la familia que quedaba de Chloe y cerrar un doloroso capítulo que había durado generaciones.

Naturalmente, cancelaron sus fastuosos planes de boda. No quedaba dinero para un gran lugar de celebración, pero a ninguno de los dos le importaba ya. Las costosas decoraciones y las multitudes se sentían totalmente vacías comparadas con la cruda honestidad por la que acababan de luchar.

Dos meses después, Leo y Chloe se casaron en una sencilla y tranquila ceremonia en el juzgado, rodeados únicamente de amor verdadero y honestidad absoluta. Habían perdido una fortuna y un familiar, pero cuando Leo cogió la mano de su nueva esposa, supo que habían salvado su futuro.