Tigre recibe ayuda de un fotógrafo – La verdad le hizo hervir la sangre

Las dos horas siguientes fueron un agonizante ejercicio de impotencia. El sol subía por el horizonte, quemando la niebla matinal y sustituyéndola por un calor denso y agobiante que atrajo a las moscas. Revoloteaban alrededor de la cara del tigre, pero el enorme felino ni siquiera movía las orejas para apartarlas. Su respiración se hizo más superficial, y los intervalos entre cada jadeo se alargaron peligrosamente.


A las 7:45 de la mañana, el ruido sordo de un motor diésel modificado rompió por fin el silencio. El camión de plataforma del Dr. Shrestha entró en el claro, con los laterales reforzados con una pesada malla de acero. Tres guardabosques armados descendieron al instante con los rifles en alto, asegurando un perímetro alrededor del claro. Shrestha no perdió el tiempo. Bajó del camión con un rifle de gas comprimido en el brazo. Debido a la dificultad respiratoria del tigre, una dosis normal de sedante podría provocar fácilmente un paro cardíaco. Tuvo que calcular un cóctel subletal sobre la marcha.