Encontraron a un anciano que llevaba cinco años sin hablar susurrando en el bosque por la noche. Cuando el personal lo siguió, se quedaron conmovidos hasta las lágrimas.

Kelly se quedó paralizada, con el aliento atascado en la garganta. Era la voz de John Doe: áspera y quebrada por años de inactividad total. Estaba de pie cerca del borde del espeso bosque, susurrando en la oscuridad. Ella dio un paso lento y silencioso hacia delante, con el corazón martilleándole contra las costillas. ¿Estaba sufriendo un colapso psicológico? 


Dado su historial médico desconocido y su amnesia profunda, una regresión repentina no era descartable. «¿John?», llamó en voz baja. «Hace un frío que pela. Entremos». Él no se dio la vuelta. Se limitó a seguir mirando fijamente hacia la línea de árboles. De repente, la maleza seca crujió. Kelly contuvo el aliento al ver un movimiento fugaz: una silueta oscura que corría entre los matorrales y desaparecía en la oscuridad del bosque. Quienquiera que fuera, era rápido, y se esfumó antes de que el haz de luz de su linterna pudiera alcanzarlo.


El anciano se giró por fin, con los ojos huecos y ausentes. No le dijo nada a Kelly. Simplemente dejó que ella lo guiara con delicadeza de vuelta al interior, con las manos temblando violentamente.