El veterinario dijo que su perra se pondría bien… Pero luego, en la clínica de urgencias, descubrieron esta aterradora verdad…

Copper terminó su ciclo de quimioterapia en primavera. Su última exploración salió bien. El doctor Singh le dijo a Rachel que eso no garantizaba nada: el osteosarcoma tenía una alta tasa de recurrencia y tendrían que seguir vigilándolo. Pero, por el momento, no había nada que ver. Rachel se sentó en la consulta del doctor Singh y se permitió respirar por primera vez en meses.

Ahora era un perro de tres patas. Le había llevado unas seis semanas dejar de parecer sorprendido por ese hecho. Después de eso, simplemente siguió adelante. Se había adaptado de una forma totalmente natural, sin dramatismos, y a Rachel eso le había dado tranquilidad. Seguía siendo Copper. Seguía sentándose en su pie cuando quería llamar su atención. Sus paseos eran más cortos, pero seguía metiendo el hocico en cada rincón interesante de cada calle por la que pasaban.

Observó cómo Copper se detenía a la orilla del estanque del parque y miraba hacia el agua. Era más lento de lo que solía ser. Tenía el hocico más canoso. Pero allí estaba, bajo el sol de la tarde, moviendo la cola y con las orejas erguidas, interesado en lo que fuera que hubiera ahí fuera. Ella había luchado por su tiempo. Le había costado, pero, al observarlo, sabía que había merecido la pena cada gramo de esfuerzo.