Un grito ahogado colectivo se extendió por el bosque. A Clara se le encogió el corazón al ver a su querida mascota caer en caída libre desde lo alto de las copas. El tiempo pareció ralentizarse hasta convertirse en un avance tortuoso. Pero los chicos que estaban en el suelo ya se habían colocado en posición. Anticipando lo peor, el chico más alto se lanzó hacia delante, siguiendo la trayectoria del gato con precisión atlética.
A solo unos pies de que Bubbles chocara contra el duro suelo, se lanzó, atrapando la frenética bola de pelo de lleno contra su pecho y rodando con fuerza sobre la suave hierba. Un instante después, se puso de pie, respirando con dificultad, y depositó con cuidado el peso cálido y ronroneante de Bubbles en las manos extendidas de Clara. Estaba completamente ileso. Las lágrimas de una gratitud abrumadora resbalaron por el rostro de Clara.
«Gracias», logró articular con voz entrecortada, mirando a los chicos a los que había juzgado tan erróneamente. Lo que comenzó como una pesadilla de puro terror se convirtió en una amistad duradera. Los chicos se convirtieron en visitantes habituales de la casa de Clara, demostrando que, a veces, los héroes llevan sudaderas con capucha.