El director frunció el ceño. «Esto no le concierne» «Puede que no», dijo el hombre encogiéndose de hombros. «Pero si está a punto de llamar a la policía, quizá quiera asegurarse antes» Señaló hacia el techo. «Tienen cámaras, ¿verdad?» Una pausa. El encargado vaciló. Luego bajó lentamente el teléfono. Minutos después, un pequeño grupo se había reunido cerca del monitor.
Chauncy estaba de pie a un lado, apenas respirando. Se reprodujeron las imágenes. Allí estaba él. Afuera. Preguntando. Esperando. Entonces… una mujer entregándole algo. Otro hombre haciendo lo mismo. Claro. Innegable. La tensión se rompió. El gerente exhaló. «Muy bien… parece que me equivoqué» Pero Chauncy apenas le oyó.
Porque el hombre que intervino ya se había vuelto hacia él. «Vamos», le dijo. De vuelta al pasillo, cogió un carrito. Y empezó a llenarlo. Comida de verdad. Suficiente para días. Luego, casi como una ocurrencia tardía: «Si te apetece», añadió, «me vendría bien algo de ayuda después de clase» Chauncy tragó saliva.
Hace unos momentos, todo se estaba desmoronando. Ahora todo estaba cambiando a mejor.