Sam respiró hondo para tranquilizarse y miró por la ventanilla ovalada, con la mandíbula apretada. Era un detective veterano que se ganaba la vida lidiando con delincuentes empedernidos, pero este extraño drama en la cabina le estaba sacando de quicio. Decidió conscientemente dejarlo pasar. Solo quería llegar a casa con su familia. Era un vuelo corto, y rezó en silencio para que el piloto saliera pronto de la puerta de embarque y alzara el vuelo.
Unos minutos más tarde, Nicole volvió a recorrer el pasillo, sujetando un cartel de seguridad. Era el momento de la charla obligatoria de seguridad federal para las filas de las salidas de emergencia. Se detuvo justo encima de la fila 12, clavando la mirada en Sam con precisión calculada.
Tras pronunciar el discurso legal habitual ante el resto de la fila, hizo una pausa y miró directamente a Sam. «Señor, voy a tener que pedirle que cambie de asiento con otro pasajero». Sam frunció el ceño, y el cansancio dio paso a una irritación absoluta. «¿Perdón? ¿Por qué?».