Llamó al sheriff, quien le dijo que los drones eran un tema legal complicado. Llamó a la oficina del ayuntamiento, donde le dijeron que el turismo era importante. Llamó a Callum, que no respondió. Para entonces, Elías empezó a sentirse como un hombre que se iba borrando poco a poco de su propia vida.
La peor noche llegó tras una fiesta en un yate patrocinada por una marca de agua con gas. Las luces parpadearon hasta las dos de la madrugada. La música hacía vibrar las ventanas del cobertizo de los cebos. Cuando Elías llegó al muelle antes del amanecer, se encontró con tres de sus flotadores de red cortados por una hélice.