Unos navegantes adinerados bloquean el muelle de este viejo pescador; lo que él hace en represalia es pura justicia

Otros gastos también no dejaban de aumentar. Combustible extra. Equipo dañado. Horas perdidas esperando a que los turistas se apartaran. El viejo motor fueraborda de su barco tosía cada vez con más fuerza cada semana, y Elías sabía que a la factura de la reparación no le importaría que los peces hubieran huido por culpa de la música y la vanidad.

En casa, ni siquiera la cabaña le parecía ya un refugio seguro frente a ellos. Los drones sobrevolaban la colina al atardecer y a todas horas, filmando «pequeñas casas de pescadores» con el mar de fondo. Una vez, Elías salió en camiseta de tirantes y oyó risas procedentes de un yate que tenía abajo cuando el dron se inclinó hacia él.