Una submarinista siguió a una manada de delfines cerca de un pecio pirata hundido y vio lo que llevaba uno de ellos..

El legado de los piratas

Sheryl pateó suavemente con sus aletas, manteniendo la distancia para no asustar a la manada, mientras el barco de buceo continuaba su trayectoria constante directamente por encima de ellos. El delfín nadaba con un ritmo orgulloso y saltarín, totalmente ajeno al objeto que descansaba sobre su aleta. Cada vez que el mamífero inclinaba el cuerpo, el objeto dorado emitía destellos de un intenso color ámbar. Parecía una fina lámina de oro, o tal vez el fragmento de una corona real.

La zona por la que nadaban era famosa por sus misterios marítimos. Durante generaciones, los buceadores locales habían contado historias de lingotes y joyas perdidos y esparcidos por el lecho marino después de que una feroz tormenta destruyera una flota pirata en el siglo XVII. Sheryl siempre se había mostrado un poco escéptica ante esas leyendas, considerándolas historias divertidas para turistas. Pero ver este increíble resplandor ante sus ojos lo cambió todo.

Comprobó su medidor de oxígeno; le quedaba mucho tiempo. Su atención se centra en el objeto brillante. No parecían restos marinos ni basura. Poseía un brillo cálido que sólo los metales preciosos parecían tener bajo el océano. El delfín parecía estar presumiendo de él, llevándola más lejos a lo largo del arrecife.