Lo primero que notó George fue el comportamiento de Zoe. Se había vuelto cautelosa con el teléfono; no es que fuera precisamente reservada, pero sí deliberada. Atendía las llamadas en la otra habitación. Consultaba los mensajes con la pantalla girada hacia otro lado. Dos veces bajó por la noche y la encontró sentada en la mesa de la cocina a oscuras, y ella le dijo que no podía dormir. Él se ofreció a quedarse con ella, pero ella dijo que le gustaría estar sola un rato.
Por lo demás, parecía estar bien. Quizá un poco cansada, pero ella lo atribuía a una racha difícil en el trabajo, y él no tenía motivos para cuestionarlo. Era cariñosa con él. Se reía con facilidad.
Ella sugirió que reservaran un fin de semana fuera en octubre, y un domingo por la mañana habían buscado sitios juntos mientras tomaban café, con Rex tumbado en el suelo entre ellos, y todo le había parecido totalmente normal. No fue hasta más tarde, al reconstruir los hechos, cuando George comprendería lo que ella había estado tramando a sus espaldas…