Brennan intervino el viernes por la mañana, siendo el segundo de la sesión. Se situó al frente con la naturalidad de quien está acostumbrado a que le miren, y su resumen de un minuto fue fluido: idea principal clara, argumentos bien estructurados y un final con seguridad.
Algunos alumnos asintieron con la cabeza. La Sra. Nair esperó y luego formuló la primera pregunta: él había argumentado que prohibir los teléfonos no reduciría la distracción porque los alumnos encontrarían otras formas de desconectarse; ¿tenía alguna prueba de ello o se trataba de una suposición? Brennan respondió que era de sentido común. Ella señaló que la rúbrica exigía pruebas o ejemplos y le preguntó si tenía alguno. Él respondió que la mayoría de la gente estaría de acuerdo con él.
Ella pasó a la segunda pregunta: en su redacción afirmaba que los colegios que ya habían prohibido los teléfonos no habían observado ninguna mejora en las notas; ¿dónde había encontrado esa información? Él dijo que lo había leído en Internet. Ella le preguntó dónde exactamente. Él respondió que no recordaba la página web concreta. Ella le preguntó cuál era la razón más sólida para que alguien no estuviera de acuerdo con su argumento. Él respondió que algunas personas pensaban que las normas eran importantes. Ella le preguntó cómo abordaba su redacción ese tema. Pasaron cuatro segundos. Él dijo que la redacción lo explicaba con bastante claridad. Ella anotó en su rúbrica, le dio las gracias y llamó al siguiente alumno. La sala estaba muy silenciosa.