Una profesora está harta de las travesuras del matón de la clase, así que hace esto para darles una lección a él y a sus padres, que se creen con derecho a todo…

La semana de las defensas comenzó un miércoles. La Sra. Nair había explicado al inicio del curso que a veces grababa las clases para revisar su propia práctica docente y lo había hecho de forma constante durante todo el trimestre —siempre lo indicaba en la pizarra al comienzo de la clase—. En octubre, los alumnos ya habían dejado de fijarse en la pequeña grabadora que había en la esquina de su escritorio. Ella la ponía en marcha al comienzo de cada sesión de defensa, como siempre hacía, sin avisar.

Los dos primeros días fueron sencillos. Sonia defendió un argumento sobre si las escuelas deberían enseñar a los alumnos a gestionar el dinero, y cuando la Sra. Nair le preguntó por qué había utilizado ese ejemplo en su segundo párrafo, Sonia explicó exactamente dónde lo había encontrado y por qué le parecía convincente. Deacon fue el jueves por la tarde. Su tema era si la biblioteca del colegio debería ampliar su horario de apertura.

Estaba claro que se había preparado bien su argumento: respondió a todas las preguntas directamente y, para cuando llegó la última, el ligero temblor que había tenido en la voz al principio había desaparecido por completo. La Sra. Nair escribió «excelente» en su hoja. Lo decía en serio.