Nunca uses el hervidor eléctrico en tu habitación de hotel – La razón puede horrorizarte

La comodidad del té de salón

Ah, la habitación de hotel. Un santuario de sábanas blancas y crujientes, champús diminutos que huelen a «bosque brumoso» y el faro definitivo de la hospitalidad: el hervidor eléctrico. Para muchos viajeros cansados, este humilde electrodoméstico es el MVP de la estancia. Ya sea porque le duele la cabeza por el desfase horario o porque quiere ahorrarse diez dólares haciendo fideos instantáneos en vez de pedirlos al servicio de habitaciones, este pequeño aparato es su mejor amigo. Está ahí, sobre el escritorio, brillando bajo la tenue luz de la lámpara, prometiendo un cálido abrazo.

Confiamos en él implícitamente. Suponemos que, como calienta el agua con furia burbujeante, es autolimpiante por naturaleza. Es una máquina de purificación, ¿verdad? Accionamos el interruptor, vemos brillar la lucecita azul y escuchamos el rugido in crescendo. Se siente doméstico y seguro. Sin embargo, hay una creciente comunidad de expertos en viajes y asistentes de vuelo horrorizados que prácticamente te gritan que dejes la bolsita de té.

Algo no va bien en el país de las bebidas de hotel, y no nos referimos sólo a la crema en polvo caducada…