La preparación y la zambullida
Lo primero es lo primero: necesitas tu huevo cocido. Tanto si te gustan duros para una ensalada como blandos para mojar, este método funciona en todos los casos. Una vez que el huevo esté cocido a su gusto, déle una rápida «sacudida» en un baño de hielo para detener el proceso de cocción (es una práctica habitual, pero ayuda a endurecer las claras). Ahora, coja el vaso. Debe ser lo suficientemente grande como para que el huevo se mueva con libertad, pero no tanto como para que resulte incómodo sostenerlo. Un vaso de agua estándar de 12 onzas suele ser la mejor opción para esta operación.
Lleva el vaso al fregadero y llénalo con unos dos centímetros de agua fría. No necesita mucha, sólo la suficiente para crear un colchón de líquido. Ahora, coja el huevo cocido y déjelo caer suavemente en el vaso. En este punto, parece un huevo bañándose muy poco profundo. Puede que se muestre escéptico: ¿cómo van a hacer un poco de agua y un vaso lo que no pudieron hacer veinte minutos de cuidadosa recolección? La magia se produce en el siguiente paso, en el que añadimos la «acción» a la ecuación. Prepárate, las cosas se van a poner un poco movidas