Un hombre se apresura a salvar a una cría de rinoceronte de la carretera; segundos después, se le desploma el corazón

Elías, un veterano experto en santuarios, estaba a mitad de camino de su patrulla vespertina cuando lo vio: un remolino de polvo que se elevaba en el horizonte, lejos de la ruta principal. Era demasiado pequeño para una tormenta y demasiado localizado para una estampida. Frunciendo el ceño, cogió la radio para informar de su posición y la ruta prevista.


«Base, aquí Elias. Tengo actividad inusual cerca del Sector 4. Comprobándolo ahora» Esperó la confirmación estándar, pero el altavoz sólo devolvió un audio agudo, distorsionado y entrecortado. Frunció el ceño y golpeó el auricular contra la palma de la mano. «Base, ¿contesta? La señal se está cortando. Voy a investigar»


Supuso que no era más que un punto muerto en la sabana, una molestia habitual en este terreno escarpado, pero la persistente estática de baja frecuencia en su oído le puso nervioso. La sabana solía vibrar con el canto de los pájaros y el susurro de la vida, pero al salir de la carretera, el mundo a su alrededor se volvió inquietantemente silencioso. Estaba conduciendo hacia un espacio de silencio absoluto.