Error 5 – Utilizar los contenedores equivocados
Los recipientes para alimentos pueden ahorrar dinero, pero sólo si realmente protegen la comida. Con demasiada frecuencia, las sobras se guardan en cajas endebles de comida para llevar, bolsas medio abiertas o cuencos cubiertos con papel de aluminio. Los productos secos permanecen en envases rotos, doblados una vez y olvidados. El queso se guarda en envoltorios de plástico hasta que suda. Las hierbas se amontonan en el fondo del frigorífico en una fina bolsa. Nada de esto es inusual, pero puede acortar la frescura y conducir al desperdicio mucho más rápido de lo que mucha gente se da cuenta.
El recipiente adecuado depende del alimento. Los recipientes herméticos ayudan a mantener los cereales, la harina, las galletas y los frutos secos a salvo del aire y la humedad, que pueden hacer que se pongan rancios. Los recipientes herméticos también evitan que las sobras se sequen y adquieran olores extraños del frigorífico. Los productos frescos son un poco más complicados, porque algunos necesitan que circule el aire, mientras que otros necesitan un entorno más controlado. Por eso, un método de almacenamiento no sirve para todo. Un recipiente mal elegido puede retener demasiada humedad o no la suficiente.
No hace falta comprar un juego de recipientes de diseño para solucionarlo. Unos cuantos recipientes herméticos de confianza, algunas bolsas con cierre y un par de cajas de cristal o plástico resistente pueden marcar la diferencia. Traslade los alimentos fuera de los envases dañados una vez abiertos. Asegúrate de que las tapas encajan bien. En el caso del queso, envolverlo en papel y colocarlo sin apretar en un recipiente suele funcionar mejor que asfixiarlo en plástico apretado. En el caso de las hierbas, una toalla ligeramente húmeda y una tapa adecuada pueden prolongar su frescura. Las pequeñas mejoras en los recipientes son uno de los cambios más silenciosos que puedes hacer para ahorrar dinero, porque protegen los alimentos por los que ya has pagado.