El oxidado cabrestante chirrió cuando Arthur izó la red empapada, pero la enfermiza falta de resistencia le dijo todo lo que necesitaba saber mucho antes de que la malla rompiera la superficie del agua. Durante cuarenta años, las oscuras y heladas aguas de Whispering Cove le habían proporcionado fielmente un medio de vida. Pero esta fresca mañana, después de semanas de la implacable invasión del puerto, la pesada malla de nailon estaba devastadoramente vacía, salvo por unas patéticas hebras de algas de un verde vibrante.
No era sólo una mala marea, y ciertamente no era un cambio repentino en el clima estacional. Mientras el viejo y curtido pescador contemplaba la yerma cubierta de su fiel bote de madera, un nudo frío y duro de puro pánico se formó en lo más profundo de su estómago. Era la aterradora e innegable constatación de que el medio de vida de toda su vida no estaba desapareciendo de forma natural, sino que estaba siendo destruido sistemáticamente para ser visto en las redes sociales. Se quedó solo en su barco, que crujía suavemente, totalmente convencido de que este botín sin vida era el principio definitivo del fin.
No tenía ni idea de que su silenciosa desesperación desencadenaría una guerra total en todo el puerto.